la historia de...

Ariadna & Roger

La unión del mar y la montaña

desliza para leer su historia

Esta es
su historia

Ariadna y Roger siempre han vivido el amor en movimiento. Él fue futbolista profesional y ella lo acompañó en cada etapa, mudándose cuando hacía falta para seguir construyendo su historia juntos.

Cuando nos conocimos se mostraron tal como son: activos, deportistas, amantes de la montaña. Pero había algo curioso: cada vez que se iban de vacaciones, siempre elegían el mar.

Así nació el concepto de su boda: unir mar y montaña.
Lo que el mar ha visto crecer, las montañas lo han hecho más fuerte.

Durante la celebración hubo guiños a todo lo que define su historia: el fútbol, la playa y las montañas donde pasan tantos momentos juntos.

Porque al final, cada historia de amor crea su propio lenguaje, un estilo de vida y una personalidad… y una boda debe ser la forma más bonita de contarlo.

Cada detalle de la celebración hablaba de esa unión.

Las mesas llevaban nombres de montañas que forman parte de su historia, mientras que el seating plan se convirtió en un pequeño homenaje al mar: unas velas con forma de estrella de mar que escondían un mensaje especial y que, al encenderse, revelaban una parte más íntima y mágica de la experiencia.

Pero más allá de la estética, esta fue una boda llena de emoción y de momentos con significado. Antes de su entrada a la ceremonia, Roger escuchó un audio que Ariadna había grabado especialmente para él, creando un instante íntimo y lleno de emoción antes de verse por primera vez ese día. También quisieron dedicar un espacio a recordar y sentir cerca a aquellas personas queridas que ya no podían acompañarlos físicamente, creando un ritual en el que ambos encendieron unas velas juntos justo después de reencontrarse durante la ceremonia.

Y, como toda gran celebración, la noche terminó con una fiesta muy especial. Incluso el momento del pastel tuvo su propio giro: en lugar de cortarlo, decidieron soplar unas pequeñas velas juntos y celebrarlo con un beso, convirtiendo un gesto tradicional en un momento mucho más suyo.

Porque cada historia de amor tiene su propio lenguaje. Una forma única de entender la vida, unos símbolos propios y una personalidad que merece ser contada. Y una boda debería ser precisamente eso: la manera más bonita de transformar todo lo que una pareja es en una experiencia inolvidable.