Anna y Marc tenían un valle entero como testigo de su historia: el valle de Camprodón.
Querían casarse en un lugar único, especial, donde nadie se hubiera casado antes. Habían hablado con otras weddings y les habían invitado a quitarse de la cabeza casarse en ese lugar, ellos siguieron aferrados a su sueño y cuando dieron con nosotras, nos unimos a ellos para hacerlo realidad.
Después de buscar, encontraron un espacio que parecía estar en obras. Contactamos con el dueño —un verdadero ángel— y así nació la primera boda en este lugar, que hoy ya es tendencia en la zona.
La boda reflejó totalmente su esencia: colores elegidos por ellos y que les representaban un montón, con un guiño a la jardinería y al otoño, un photocall vegetal diseñado por Marc, que es jardinero.
Un día mágico en su valle favorito, rodeados de sus seres queridos, donde estrenamos un espacio y celebramos un amor único.